Diócesis de Jaén

El año en el que el Señor quedó en los corazones

Todo es distinto en este 2020 desde que en marzo se colara en nuestras vidas un ser microscópico capaz de matar y sembrar el caos y el miedo. Desde entonces, las celebraciones religiosas que como pueblo van salpicando el calendario se han ido suspendiendo o adaptando a las complicadas circunstancias. Sin embargo, la fe termina imponiéndose en situaciones de incertidumbre. Tal vez por eso, en un Corpus Christi sin calles adornadas, sin niños y niñas de Primera Comunión, sin altares efímeros y sin la bella Custodia de plata bajo el sol de un verano incipiente, el Señor se hizo presente en los corazones de los cristianos que, en los templos y en adoración, buscaron su presencia y su esencia. Jesús Sacramentado permanece en la historia de la humanidad hasta el fin de los tiempos.

En una Catedral de Jaén condicionada por el aforo reducido y las medidas de higiene y prevención ante el coronavirus, tuvo lugar la Solemnidad del Corpus al que acudieron unas 380 personas. Entre ellas, miembros de la Corporación municipal; el Subdelegado de Defensa; miembros de la Guardia Civil; la Policía Nacional y Local; representantes de la Universidad; representantes de las Cofradías de la ciudad, asociación de amigos de las Catedrales, Adoración Eucarística y Cáritas, representada en la persona de su director diocesano, Rafael López- Sidro.

El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, presidió la celebración el día en el que conmemoraba el quincuagésimo aniversario de su ordenación sacerdotal. Una celebración en la que estuvo acompañado por miembros del Cabildo, sacerdotes de la Diócesis, seminaristas y todo el pueblo fiel que se ha unido en oración con el Pastor diocesano.

La magna celebración estuvo participada en las lecturas por el presidente de la Agrupación de Cofradías, el Hermano Mayor de la Hermandad de la Buena Muerte y la voz de Carmen Zapata de Dueto Enclave. El Evangelio lo ha proclamado el canónigo guardián del Santo Rostro, D. José López Chica.

Homilía

“Nosotros sin la Eucaristía no seríamos los mismos” ha comenzado diciendo el Obispo. “Dios está y estará con nosotros, esa es la gran verdad”. En la solemnidad del Corpus Christi, el Prelado ha afirmado que “El Señor camina con nosotros también en estas circunstancias difíciles de la pandemia provocada por el Coronavirus. Ha destacado la labor de médicos, enfermeras, limpiadoras y los sacerdotes  que en este tiempo han sido presencia de Cristo en medio de nosotros”.

A propósito de las lecturas de la Misa, el Obispo ha recordado que este día es propicio para “recordar que Dios siempre ha estado siempre con nosotros. Cristo no deja de darse como alimento”. En este sentido, ha recordado en el Corpus, “el pueblo pone el corazón para decirle gracias al Señor por quedarse presente en la Eucaristía”.

Don Amadeo ha explicado que “la Eucaristía no es un acontecimiento intimista, no es acto de piedad, la Eucaristía es un acontecimiento que sucede entre el cielo y la tierra. Es un acontecimiento que nos llena de vida, de esperanza y que nos cambia la vida si la vivimos con intensidad si la recibimos como pueblo de Dios”.

En el día de la Caridad, el Prelado jiennense ha afirmado que “el gran programa del mundo, que es el Evangelio, vivido en su iglesia como proyecto de vida que nos lleva por el camino de la santidad y que tiene como lema la caridad”. En este sentido, ha explicado que “la caridad es la esencia de la vida de la iglesia y toda nuestra esencia como cristianos nace de la Eucaristía”.

Para concluir la homilía, el Obispo ha querido recordar el 14 de junio de 1970 cuando recibió su ordenación sacerdotal del entonces Obispo de Badajoz, D. Doroteo Fernández y Fernández. En sus bodas de oro sacerdotales, Don Amadeo ha querido dar las gracias a Dios, por haber amado en estos 50 años la Eucaristía, haberla celebrado cada día. Soy, naturalmente, todo lo que el Señor  me ha regalado y todo lo que ha ido haciendo de mí, durante 50 años, la Eucaristía”. Una vida sacerdotal en la que la Virgen, “mujer eucarística” ha estado siempre presente.

Después de la comunión se expuso el Santísimo, adorado por los congregados., y por último, como es tradición, el Obispo subió hasta los balcones de la Catedral para bendecir con el Santísimo a la ciudad de Jaén.

Fotografías: Diócesis de Jaén

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