Diócesis de Jaén

Jaén rememora el Descenso de la Virgen a la ciudad

Está recogido en las actas notariales del Obispado de Jaén, que datan de dos días después del “hecho prodigioso”. Ante el Vicario General y Provisor del Obispando, Juan de Villalpando, los testigos del Descenso, cuatro humildes moradores del arrabal de San Ildefonso declaran como vieron un cortejo celestial, lo culminaba una mujer, más alta que los demás y vestida de blanco, con “un niño criadillo” en los brazos. Desde ese momento, del que han pasado 591 años, el pueblo de Jaén venera a su patrona, la Virgen de la Capilla en el mismo lugar donde concluyó el cortejo la noche del 10 al 11 de junio de 1430.

Esta mañana, y como es tradición, se reunían los dos cabildos, el catedral y el municipal para celebrar una Misa votiva, que ha presidido el obispo de la Diócesis, Amadeo Rodríguez Magro. Además de la Corporación Municipal, otras autoridades se han dado cita en la Basílica de San Ildefonso, entre ellos la subdelegada del Gobierno, Catalina Madueño y representantes de la Subdelegación de Defensa y otros miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado.

Antes de las 11, los miembros del cabildo Catedral con su Deán a la cabeza, aguardaban al Prelado jiennense para entrar en procesión al Santuario de la Virgen de la Capilla. A la misma se ha unido el alcalde de Jaén, Julio Millán y la Hermana Mayor de la Cofradía, Suli Colmenero.

Las lecturas, propias de la Diócesis, han estado participadas por miembros de la Junta de Gobierno de la Cofradía de la patrona de Jaén. Y el Evangelio lo ha proclamado el Vicario parroquial de San Ildefonso, Manuel Morales.

Homilía

El obispo de Jaén ha comenzado su homilía saludando a las autoridades congregados en la única basílica de la ciudad de Jaén.

Su predicación ha querido unir el hecho del Descenso con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús que hoy la Iglesia celebra.

El Descenso de la Virgen a la ciudad de Jaén es un encuentro con los jiennenses, ha afirmado Don Amadeo. “El camino de venida es siempre un descenso. Es Dios quien da el primer paso para su relación con el ser humano. La fe es siempre un don de Dios un acercamiento de Dios a nosotros. La fe es un don y un regalo que cuando tenemos la fe de experimentarlo se convierte en un modo de ser y de vivir”.

Después, el prelado jiennense ha continuado diciendo, “El corazón de María siempre se asocia a su obra redentora. Primero, en su existencia humana, acompaña por el bendito San José. María aprende a guardar las cosas en su corazón y en él también a acoger, y con Jesús nos acoge a nosotros”.

En este sentido, don Amadeo ha aseverado, “María es la primera creyente. La gran creyente. Guardaba la palabra del Señor, las acciones del Señor, la que entendía y las que no entendía. Las que la hacían sufrir y las que no. ‘Dichosa tú que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá’.

Del mismo modo, el obispo ha explicado que “María es el instrumento para que Jesús aprenda la condición humana, por eso decimos que compartió su vida en todo, menos en el pecado”. Para continuar, “María, como sabéis muy bien, quiso quedarse entre nosotros, es la memoria agradecida de Dios con nosotros, de la salvación de Cristo con su muerte y su resurrección”.

Para finalizar, el Prelado ha recordado que “Hoy, día de la Capilla tiene que ser para nosotros, desde la fe en Ella, un día de esperanza de resurrección de vida Nueva. Porque Dios sigue estando con nosotros y aquí en este descenso ha estado con nosotros”.

También ha querido reivindicar el patronazgo de la Virgen de la Capilla como madre de todos los jiennenses a los que cuida como una Madre, y los protege desde hace casi 600 años. “Qué bueno sería que creciera esa devoción a nuestra patrona  en todos los rincones porque ella es la madre y protectora. Le pedimos a la Madre que nos proteja y si pudiéramos escucharla la oiríamos decir que Jaén merece más y que todos deberíamos poner más de nuestra parte para mejorar  la ciudad que tanto amamos y que tanto ama Dios”.

La solemne celebración ha concluido con el himno de la coronación canónica y el canto de la jaculatoria, “Bendita sea la hora”.

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