“Pero uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”. Jn 19:34.
San Juan es el único evangelista que narra este hecho. Él, teólogo por excelencia, introduce esta escena como un signo revelador, casi sacramental.
Aunque se le llame cartel, el autor quiere definirlo como el relato de una metáfora histórica que recoge un hecho trascendental para la historia de la humanidad. Un relato que recorre la obra de manera descendente en una interpretación de los textos de San Agustín de Hipona, donde se reflexiona sobre el costado abierto de Cristo como el momento del nacimiento de la Iglesia.
Nos encontramos ante la descripción pictórica del autor de la visión de ese hecho, en el que son necesarios dos sacramentos que nos hacen cristianos, miembros de la Iglesia, y con los cuales nacemos a la vida eterna.
El primer sacramento es la Eucaristía que, a través de la sangre del costado que recorre el cuerpo del Santísimo Cristo de las Aguas de la Hermandad Sacramental de la Sagrada Lanzada, constituye la transustanciación del pan y el vino. El segundo sacramento es el Bautismo, representado a través del agua que junto con la sangre brota también del costado abierto.
Sangre de dolor y de pasión que, acariciando una piel marcada por el dolor y la tortura, llega hasta la misma base de la cruz para recorrer el corazón de una Madre rota por el sufrimiento de su Hijo.
Ese dolor es reflejado en el corazón atravesado por una espada, a modo de cruz, y donde el reflejo de María Santísima Reina de los Ángeles ahogada en sangre transforma su dolor en vida eterna, pues sabiendo de su destino es capaz de entregar a un Hijo y convertir su pasión, a través de su corazón bañado en regueros de sangre, en agua que gota a gota colma el estanque de la vida donde, a través del sacramento del Bautismo, nacemos a la vida eterna.
De esta forma somos alimentados por Cristo y nace la Iglesia representada en la S. I. Catedral de Jaén de la que brotan las hermandades, sus acólitos, monaguillos y nazarenos, en este caso de la Sagrada Lanzada, y que dan apertura a un nuevo desfile procesional.
Toda la obra está representada en tonalidades y cromatismos de evocación franciscana por el propio carácter de la Hermandad de la Sagrada Lanzada y por el VIII Centenario de la Pascua de San Francisco de Asís que se celebra este año 2026.
El autor ha querido con esta descripción documentar esta obra para que el que no alcance a ver lo que ella encierra pueda así entender sus intenciones, pues con el mensaje a representar claro desde un primer momento, el autor, siendo fiel a sus principios y estilo, lo ha procurado plasmar con determinación y, sobre todo, con humildad. Finalmente César Ramírez quiere dar las gracias por el honor dado y por la confianza puesta en su arte.
