Lolo se hubiera reído con todo ésto

Lucy, el eterno apoyo de Lolo, llegó frente al altar
apabullada de atenciones. Ella, que tanto le cuidó. «Se me sale el
corazón. Estoy muy emocionada», decía al ocupar su sitio para la
beatificación de su hermano. Apenas le salía la voz del cuerpo. «Lolo se
hubiera reído de todo ésto. Hubiera dicho, «pero qué tontos sois. A qué
viene todo ésto. Era así. Luego le hubiera podido su gran sentido de la
amistad, y se hubiera alegrado de ver cuantos amigos se habían reunido
hoy aquí», decía.

A nadie parecía importar la lluvia, que amenazó al
principio y luego hizo acto de presencia. «Una dificultad más. Lolo
hubiera disfrutado en un día como hoy. Hubiera vencido las dificultades,
como hizo siempre. Como hizo con su enfermedad» decía Alberto López
Poveda.
Con los ojos encendidos, Rogelio de Haro asistía también a
la ceremonia en primera fila. No es uno más de los asistentes. Si está
allí es por Lolo. No es un eufemismo. Lolo le salvó la vida. Según ha
proclamado la Iglesia Católica, el ya beato obró en él un milagro. «Para
mí es un día muy especial. Mucho. Un día de una emoción intensísima. Yo
era muy pequeño. Sé lo que me han contado. Pero en mi casa siempre me
han hablado de Lolo. De su sufrimiento, de su alegría, de lo mucho que
ayuda a los demás», recordaba. Lolo era tío suyo, aunque no lo llegó a
conocer en persona. «Sí en la gracia de Dios», apuntan en su entorno. A
Rogelio lo escoltaban ayer su esposa, sus hijas, muy formales en trajes
de domingo y otros familiares y amigos.

El milagro

Su madre, María Antonia Sagra, daba todos los detalles
del milagro: «Fueron 24 días con sus 24 noches, ya sin esperanzas de
vida hasta que Lucy nos trajo la cruz de Lolo y se obró el milagro. El
niño tenía dos años. Todo comenzó como un sarampión normal. Pero se
complicó con una infección, con una peritonitis. Ingresó en el hospital
de la Cruz Roja en Madrid. Se puso muy mal. A los dos días la fiebre
subió mucho. Entró en quirófano y se complicó aún más por una infección.
Se moría. Hace 38 años no había los medios de ahora. Entonces llegó
Lucy con el crucifijo de Lolo. Y mejoró. Se salvó».

Fue una mejoría sin paliativos. «Cuando el tribunal
eclesiástico, ya años después (la causa de beatificación se inició en
1994) lo examinó todos se quedaron soprendidos, pues esperaban a una
persona enclenque y enfermiza, y se encontraron con un hombre
deportista, atlético, que juega al tenis, en el que no ha quedado
ninguna secuela», relata la madre. Ella recuerda los días de la
enfermedad con congoja. «Fueron 24 días sin comer ni dormir, sin
soltarme de su mano, rezando a Lolo». La sonrisa puede con las lágrimas.

Para Herminia, Lolo sigue siendo su tío Lolo. «Yo iba a
jugar a su casa prácticamente todos los días, leía lo que escribía con
sus manos cada vez más torpes y le decía «tito, que mal escribes, que no
se entiende nada, y él me contaba cuentos, se inventaba historias para
mí». Las felicidad de Herminia no es completa. Le falta su padre,
hermano de Lolo, que murió hace ahora un año. «Ahora con él, allí
arriba», dice mirando las nubes sobre el altar.

Un altar que rebosa detalles de Lolo. El cuadro de la
Virgen de Linarejos. El retrato del padre Poveda, el otro santo
linarense («Linares, ciudad de santos», dijo Monseñor Amato en su
homilía).

Un ejemplo

Para Fran (Francisco Javier González, de Elche, 25 años,
en silla de ruedas) Lolo no es un santo cualquiera. «Es un ejemplo de
cómo una persona en una silla de ruedas puede hacer muchas cosas, de
cómo puede estar en el mundo, de cómo no tiene por qué estar encerrado
en su casa. Podemos hacer muchas cosas. Lolo es la demostración de que
las adversidades se pueden vencer».

 Fran predica con el ejemplo. Es
licenciado en Filología Hispánica, prepara un doctorado sobre
literatura, y escribe novelas y poesías. «Unas poesías preciosas», dice
una monja que lo acompaña, junto a otros discapacitados. El obispo Ramón
del Hoyo despidió ayer la celebración eucarística destacando
precisamente la implicación de Lolo con los discapacitados. Ayer,
aguantando bajo la lluvia, había decenas de personas en sillas de
ruedas, con una sonrisa.

El deán de la catedral de Jaén. Martínez Rojas, destacó
también la vigencia de la figura de Lolo como ejemplo del valor de la
vida hasta sus últimas consecuencias y una muestra de la capacidad para
superar todos los obstáculos.

Como miles de fieles salvaron ayer el
inconveniente de la lluvia.

«Es muy emocionante esto para mí. Se me sale el
corazón. Lolo se hubiera reído con todo ésto, con lo que hay montado
aquí»

«Es un día que sus familiares y todo Linares ha
esperado por mucho tiempo y que al fin ha llegado. Para mí están siendo
muy especial»

«Yo sólo puedo hablar de lo que me han contado en
casa de Lolo, su bondad, su sufrimiento y su capacidad para hacer el
bien a todos».
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