Las Siete Escuadras

A cualquiera que los años le permitan recordar la Semana Santa de Jaén anterior a 1936, evocará cierta nostalgia, con determinada simpatía, aquella procesión de las Siete Escuadras, aquella procesión de la Vera-Cruz…

 

A las dos y media de la tarde salían "los judíos" de San Ildefonso. Era una cofradía cargada de siglos y de historia, desde que se fundó en el convento real de San Francisco allá por el año 1541.

 

Los más viejos del lugar recordarán aquellas tardes esplendorosas de Jueves Santo en que la pasión rediviva pasaba ante los ojos de todos los niños en forma de procesión de las siete escuadras. No es de extrañar que más de alguno sienta una honda, una escondida emoción, al evocar una de aquellas tardes de procesión, inundadas de sol, bajo la cúpula azul del cielo, surcada de estridencias de clarines y de altos vencejos, rápidos y serenos.

 

La procesión era humilde, algo primitiva, quizás muy…."provinciana", pero en su conjunto resultaba original y tenía el encanto de haber aprendido en ella, de modo elemental, la pasión del señor, desde que los primeros recuerdos inicial el libro de nuestra vida.

 

La oración en el huerto, con su oliva crecida en nuestros campos de plata, y el cáliz de oro, en sus ramas de paz; el "paso" del prendimiento, con sus judíos de expresión feroz, seguido del señor de la columna, una de las escuadras de más efecto y devoción; el "balcón de pilatos", trás sus nazarenos de grana y blanco; el cristo de la Vera-Cruz, destacando sobre el extraño sudario pendiente del madero; San Juan, precedido de un bosque de cimbreantes palmas de oro pálido, llorando amargamente; Tampoco nos olvidaremos de aquella dolorosa, sencilla y dulce, que cerraba la procesión con su manto de terciopelo negro anochecido de estrellas, y la media luna adornando sus pies.

 

Los años y la guerra acabaron con aquella procesión, aunque a veces nos resistimos a creerlo y nos parece, con nuestra imaginación soñadora que la vamos a ver pasar de nuevo, cadenciosa y abandonada, por las calles de Jaén, que se pierde en el olvido.

 

Fuente: Rafael Ortega Sagrista – Revista "Pasión y Gloria" nº 19.

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