Andújar se rinde a su "Morenita"

Jaén ha mostrado su fervor por la Morenita en una procesión con más asistencia que el pasado sábado por el buen tiempo. De hecho, el sol ha sido uno de los mayores protagosnistas tras el temor de muchos por la lluvia, aunque algunos dicen que esto era previsible, ya que la Morenita siempre consigue que salga el sol.

 

La procesión ha comenzado a las 12:30 horas. La Morenita ha llegado a la plaza principal del Cerro entre 'vicas', 'cantos' y 'oles'. Los asistentes han podido lanzar prendas a la Morenita e incluso acercar a algunos niños para que estuvieran cerca de ella.

 

La romería se vive a todas horas

 

La romería en el Cerro del Cabezo se vive intensamente. Es mucho tiempo esperando este fin de semana, las horas son pocas, pasan deprisa y hay que aprovecharlas. El ambiente en la romería cambia considerablemente del día a la noche, sobre todo a las faldas del Santuario porque arriba el ambiente, aunque más silencioso e íntimo, continua marcado por la profunda devoción a la Virgen de la Cabeza.

 

La principal novedad de este año es el traslado de la zona del botellón. Decidido a acabar con las reuniones para beber de la gente más joven en la plaza, el Ayuntamiento ha instalado una carpa gigante, con música, bebida a un precio razonable y la posibilidad de hacer botellón dentro, para que los más jóvenes tengan su espacio y al mismo tiempo puedan estar controlados.
Lo que quizás no estaba controlado es que la carpa está situada junto al aparcamiento de autobuses, cerca de los puestos de venta, sobre la tierra, y la tierra, la noche del sábado, era barro. El barrizal llegaba hasta los tobillos, pero eso no impidió que miles de personas se animaran a meterse para disfrutar de la juerga.

 

Mucho más tranquilo era el ambiente en las casetas de peñas romeras o de las propias casas de hermandad, muchas de ellas con una buena barra abierta al público para que allí nadie pase sed (y mejor si además se echan unos eurillos para el bolsillo). El ambiente, mucho más romero, continuaba con la alegría que muchos de ellos venían compartiendo tras un largo camino de subida en carreta o en coche. Muchas más mujeres vestidas de romeras con su vestido tradicional, al igual que los hombres, era lo que se podía ver entre los adultos donde la música seguía conservando ese toque a romería, incluso con versiones de «Morenita y chiquitita» al estilo de los años sesenta.

 

En la zona de acampada el ambiente cambiaba a cada paso. Grupos ambientados con su música y otros disfrutando de la íntima velada a la luz de una candela, con las parrillas funcionando sin tregua.
Si la noche romera ofrece ambientes para todos los gustos a los pies del Santuario, es precisamente en lo más alto del Cerro del Cabezo donde se puede disfrutar de una de las estampas más impactantes de la romería. Colas de peregrinos que se acercan hasta la Virgen de la Cabeza para poder rezar de una forma íntima y única horas antes de que La Morenita inicie su recorrido por el Cabezo sobre los hombros de decenas de anderos.

 

Precisamente estos últimos dan una de las muestras más grandes de devoción ya que, muchos de ellos, hacen guardia todo el día y toda la noche del sábado, bajo las andas del trono, para contar con su lugar y poder llevar a la Virgen. Ese es justamente el caso de Francisco Miguel Rosas, Francisco Manuel Navas, Francisco Jesús Polo o Iñaki Quijano. Para todos ellos la romería no es otra cosa que pasar más de 20 horas de recogimiento, de conversación, sin dormir, y para después afrontar cerca de seis horas en la calle, junto a la Virgen, en la mañana del domingo.

 

Todos pertenecen a la Asociación Mariana de Anderos y algunos llevan más de 20 años cumpliendo esta tradición. «Esto lo hacemos por la devoción y el amor que procesamos y cada uno de nosotros tiene su vida propia con ella y eso es lo más grande». Para ellos el día y la noche del sábado, a pesar de la espera, «no se hace largo, echamos la noche hablando y casi sin darte cuenta llegan las seis de la mañana» y poco a poco la hora de levantar y procesionar a la Virgen. «Ese momento nos provoca un sentimiento inexplicable, por mucho que quisiéramos no podríamos definirlo».

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